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Nelson Cardona el alpinista que sobrevivió a su propio Everest

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El alpinista manizaleño Nelson Cardona,  es el primer latinoamericano en condición de discapacidad en  alcanzar la cima más alta del mundo. Conquistó la cumbre del monte Lobuche, un pico vecino de 6.130 metros de altura. Su hazaña tuvo el acompañamiento de catorce expedicionarios colombianos desde el Campo Base del Everest.
Cardona hace parte del programa de liderazgo Epopeya-Everest Lobuche 2010, un  proyecto de aprendizaje innovador que viene siendo aplicado con éxito en el sector empresarial. Tras sufrir el grave accidente que le costó la pérdida de su pie izquierdo, ha adelantado en este proyecto dos de sus más exigentes retos: el monte Everest (Tibet-China 8.848 msnm) y el Aconcagua (Argentina, 6.962 msnm). En este momento se prepara para volver a escalar el Kilimanjaro (Tanzania, 5892 msnm) y el Elbrus (Rusia, 5.642 msnm), dos montañas a las que ascendió poco antes de su accidente y que ahora, con una prótesis es su pierna izquierda, busca repetir.
Cardona participó recientemente como conferencista en el Congreso Nacional de Creatividad Brain Box realizado en Pereira. Destino Café lo abordó al término de su intervención para conocer apartes de su impresionante historia de vida.

¿Qué significa escalar una montaña como el EVEREST?
Es un pretexto para escalar mi propia montaña personal, mi propio Everest. Todos tenemos un Everest, que puede ser la familia, los proyectos, mis objetivos, el estudio, mi trabajo. Son Everest personales. Más allá de ser un encuentro conmigo mismo, es probarme hasta dónde soy capaz de vencer barreras. Máxime cuando la vida te ha colocado pruebas muy fuertes.
Mi vida no ha sido fácil, ni siquiera al momento de nacer, pues al momento del parto, Manizales, mi tierra de origen, fue sacudida por un fuerte temblor. Eso fue en 1963. Mi madre salió escalas abajo para salvar su vida y evitar morir aplastada. Se rodó y aceleró mi nacimiento.
He vivido pruebas muy duras, que a la final sacaron a flote mi autoliderazgo. Es de ahí que escalar montañas, como el Nevado del Ruíz, a donde mi padre me llevó desde muy pequeño, me dejaron un legado de respeto a la naturaleza y por el ser humano. Fue tan espectacular que terminé trabajando en el Parque Nacional Natural de los Nevados por espacio de 22 años.
Aprendí mucho de esa labor, de conocer gente, grandes atletas que cruzaban la cordillera, hasta el punto de poder encontrarme con los escaladores que me invitaron a hacer parte de la expedición Everest, lugar en el que pude estar en 1997 cuando no pudimos llegar a la cima.
En el 98 ocurrió una gran tragedia que marcó mi vida, como fue la muerte de mi compañero Lenin Granados en el monte Manaslú, allá en el Himalaya. Una avalancha nos arrastró a los dos y él cayó por un abismo de más de 500 metros. Allí quedó. Nunca más lo volví a ver.

¿Qué lección le dejó esa dolorosa experiencia?
Situaciones como estas, me llevan a entender los conocimientos que me da la montaña. Todas las barreras que me impone. Todas las dificultades que conlleva su ascenso. Cómo me pude comenzar a conocer a mí mismo. Que el ser humano no se llega a conocer tanto, como cuando está en alto grado de vulnerabilidad. Cuando no había comida, ni donde dormir, ni agua, ni un baño. Es decir no tienes confort, ni nada. Ahí es cuando la vida lo pone a uno a prueba, y le permite saber hasta dónde puede ser uno tolerable con el sufrimiento extremo. Ahí se aprende el conocimiento a todo nivel.

¿El accidente que vivió en el Nevado del Ruíz y que le provocó la amputación de una pierna que ha significado en su vida?
Que tengo que superar la cima más importante de mí vida. La de mi propio Everest personal. Ocurrió en el año 2007. Allí me preparaba sin oxígeno para otros grandes retos de escalada. Estuve a punto de morir. Sufrí cinco fracturas maxilofaciales, en los brazos y piernas. Mi pelvis se polvoriza y me obliga a estar dos años en una silla de ruedas.
De allí es donde saco ese poder de resiliencia que tenemos los seres humanos en momentos de crisis. No iba a ser fácil. Yo me aferré a Dios pese a que no creía en él. Vivía mi propio Everest. Sin dientes, sin poder comer. Pensaba que lo mejor era morirme, mientras el mundo seguía su curso normal. Le pedí a Dios que me diera otra oportunidad, para llevar este legado por el mundo, para dar fe de su existencia, y así fue.

Para yo poder ser feliz tuve que desprenderme de una parte de mi cuerpo, una de mis piernas. Yo le pregunto a la gente, a qué está dispuesta a desprenderse para ser mejores seres humanos. Es más, el 22 de diciembre pasado en el Palacio de Nariño, tuve la oportunidad de decirle al presidente Santos en el momento que nos entregaba la bandera para nuestra expedición a la Antártida, que a qué estaba dispuesto a desprenderse para sacar adelante el país, para lograr la paz. Todos tenemos que desprendernos de algo para alcanzar nuestro propio Everest.
 ¿Qué mensaje puede entregar a los empresarios que están a punto de tirar la toalla, por las muchas dificultades que afrontan?

A mí me ha tocado devolverme muchísimas veces. Me ha tocado caerme, pero como digo yo, no son las caídas ni los golpes lo que hacen fracasar a los seres humanos. Sino la falta de voluntad y decisión para levantarse y luchar ante la adversidad. Nosotros los seres humanos somos muy conformistas.
En la primera falla o el primer fracaso que tenemos, tiramos la toalla. La cosa no debe ser así. La idea es persistir, insistir, resistir y nunca desistir, aún en los momentos más difíciles.

¿A qué le tiene miedo?
Tengo muchos miedos. Soy un ser humano. Los miedos más grandes son a la envidia, a la tristeza a la impunidad. A muchas atrocidades, como que los niños dejen de sonreír o que los ancianos no puedan salir a un parque. Que no podamos conquistar la paz. Llevo un legado de paz por el mundo, un legado de prosperidad, diciendo a la gente que no cree en ella misma, que sí se puede, aun cuando el cuerpo y la mente crean que no pueden seguir ante la adversidad.
La idea también, es transmitir a los jóvenes valores y principios, porque muchos de ellos se están drogando, cuando pueden canalizar sus energías a través del deporte, de la lectura, del estudio en general. Los jóvenes son demasiados facilistas, muy conformistas.

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