En el corazón de Pereira, donde alguna vez el tren marcó el pulso de la ciudad, hoy resuena un nuevo sonido: el de los pasos, las risas y los colores que brotan de los muros. La Ferro ya no es solo un barrio; es un relato vivo que habla de transformación, de arte y de esperanza. Un corredor turístico donde la pintura y la palabra se encuentran para contar la historia de una comunidad que decidió reinventarse.
Textos: Daniela Agudelo / Fotos: Cortesia La Ferro
Durante años, el sector conocido como La Ferro —por su cercanía con la antigua línea férrea— en los alrededores del Aeropuerto Matecaña, cargó con estigmas de olvido. Pero la comunidad no se resignó a ser una nota al pie en la historia de Pereira. Desde los rincones más humildes, surgió un movimiento de jóvenes soñadores que encontraron en el arte urbano una forma de sanar la memoria y volver a creer.
Así nació el colectivo La Ferro Transformadores, una fuerza creativa que unió brochas, tambores y voluntades. Lo que comenzó como un mural se convirtió en una revolución cultural. Hoy, más de 400 metros de recorrido y cien obras artísticas componen el corredor turístico de La Ferro, un museo a cielo abierto que late con identidad pereirana.
El arte como lenguaje de paz
En 2025, La Ferro hizo historia al convertirse en el primer colectivo en Risaralda en recibir el sello “Colombia Destinos de Paz”, otorgado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Este reconocimiento no solo valida su aporte al turismo, sino que celebra el poder del arte como herramienta de reconciliación.
Aquí, cada mural cuenta una historia: del joven que cambió el grafiti por la guía turística; de la madre que ve a su hijo pintar en el mismo muro donde antes había vestigios de violencia; del visitante que llega curioso y se va transformado.
Aquí, el turismo no llega como espectador, sino como cómplice: quien visita La Ferro se vuelve parte del relato. Porque este no es un lugar donde el arte solo adorna; aquí el arte sana, une y enseña a mirar distinto.
Un destino que vibra con su gente
Llegar a La Ferro es encontrarse con un estallido de color y carácter en cada rincón. El arte habita las paredes y le da identidad a un barrio que se cuenta a sí mismo. En algunas fachadas viven los rostros de sus vecinos; en otras, las aves del paisaje cafetero o los trazos de artistas urbanos que han dejado huella en Colombia.
Es caminar al ritmo del género urbano, ver a los niños jugar y bailar mientras los vecinos te reciben con esa calidez que solo nace del orgullo por lo propio. Es entender la apropiación y la lucha de familias que, frente a la estigmatización, respondieron con arte, cooperación y civismo. Porque aquí —como ellos mismos dicen—, el arte salva vidas.
Un renacer desde su esencia
El proyecto ha despertado interés en toda Colombia. Medios, viajeros y organizaciones reconocen a La Ferro como un modelo de turismo comunitario, donde la belleza se construye desde la participación y el sentido de pertenencia.
En sus calles hay más que pintura: hay propósito. La Ferro demuestra que la transformación no se impone, se siembra. Y cuando florece, se convierte en destino. La Ferro no busca competir, busca conmover. Mostrar que la paz también se grafitea, que el color puede ser refugio y que la unión hace posible lo imposible. Hoy, Pereira la mira con orgullo: la comuna que cambió su destino a punta de arte y esperanza. ¡Déjate llevar por sus muros, camina entre su historia y aporta tu latido al suyo! ¡Visita La Ferro y sé parte de la nueva historia de Pereira!.











