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Pijao, Quindío, Donde la tierra canta: rutas de café, mujeres y montaña

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Fotos y textos: Diana Arias / Bio-Onda
En medio de las montañas del Quindío, donde las nubes rozan los cafetales y el tiempo parece tener otro ritmo, se encuentra Pijao, un lugar que ha hecho del silencio, la hospitalidad y la conexión con la tierra su sello más auténtico. Aquí, el paisaje no es solo un escenario: es un organismo vivo que respira a través de su gente, sus cultivos y sus tradiciones. Sus calles coloridas, su arquitectura de bahareque y teja de barro, y la calidez de su gente, lo convierten en un pueblo donde la historia del café se vive con orgullo y sencillez.
Más allá de sus fachadas coloridas, adornadas con flores, Pijao es un territorio que ha encontrado en el turismo regenerativo una nueva forma de florecer: una manera de recibir visitantes sin perder su esencia, compartiendo su cultura y restaurando la vida de los ecosistemas.
Desde hace varios años, Bio-Onda impulsa un trabajo articulado con familias rurales, mujeres y emprendimientos urbanos de Pijao, construyendo una red de experiencias que invitan a viajar con sentido. Bajo el lema “Turismo Regenerativo”, esta iniciativa busca fortalecer la economía local y preservar el patrimonio natural y cultural a través de rutas auténticas que conectan a las personas con el territorio.
En las laderas verdes del municipio, el Café de Liz guarda la memoria viva de generaciones cafeteras. Allí, una familia tradicional cafetera abre las puertas de su finca para contar cómo cada grano es fruto de esfuerzo, historia y amor por la tierra. La experiencia lleva al visitante desde el cultivo hasta la taza, mientras los aromas del café recién tostado se mezclan con las historias que brotan del corazón del campo. A esta magnífica experiencia, se suma el majestuoso paisaje y la mejor vista al Valle de Maravelez, con sus atardeceres sin igual.
Resaltamos también a Montecanto, una finca donde el plátano se convierte en símbolo de vida. A través de la Ruta del Plátano, los viajeros descubren cómo este cultivo, fundamental en la economía local, se entrelaza con la cocina campesina y las tradiciones del paisaje. Cada visita es una oportunidad para reconocer el valor de los saberes rurales y la relación respetuosa con la naturaleza.
Entre los caminos de montaña y los cafetales, un grupo de mujeres se ha convertido en ejemplo de fortaleza y liderazgo. Son “Las Tesoneras”, protagonistas de la Ruta de Mujeres, quienes desde sus oficios, huertas, tejidos y saberes tradicionales impulsan procesos de transformación comunitaria. Con Bio-Onda, ellas han encontrado una plataforma para compartir sus historias, demostrando que el turismo puede ser también una herramienta de empoderamiento y dignidad rural.
La ruta continúa hacia El Paraíso, donde el bosque nublado se abre paso entre neblinas para revelar un espectáculo majestuoso: las palmas de cera, árboles sagrados que tocan el cielo. Allí, la experiencia invita al silencio, a la contemplación y al respeto por los ecosistemas que hacen de Pijao un santuario natural. En esta ruta disfrutamos de la elaboración del queso y demás oficios propios de los lugareños, como Estefany, quien con su sonrisa nos recibe en la vía al Paraíso.
En el corazón del pueblo, “Casa Solaz” conserva el encanto de las viviendas tradicionales del siglo pasado. Su arquitectura de madera, su patio florido y su atmósfera tranquila hacen de este lugar un refugio para quienes buscan descanso y conexión. Aquí, los visitantes descubren que la hospitalidad pijaense es, ante todo, un acto de amor por la tradición.
Entre cafetales y bosques, Pijao vibra con el canto de más de 300 especies de aves. Colibríes, tucanetas, loros orejiamarillos y quetzales son parte del espectáculo cotidiano que los visitantes pueden admirar en las rutas de observación que lidera Bio-Onda. Cada vuelo recuerda que la belleza del territorio depende del equilibrio entre humanos y naturaleza.
Como parte de su apuesta por el bienestar integral, Bio-Onda invita a vivir la experiencia del Baño de Bosque, una práctica que combina naturaleza, respiración y silencio. En medio del verdor, los participantes se reconectan con los sentidos, escuchan el pulso de la tierra y descubren el poder sanador de caminar despacio, al ritmo del bosque.
El turismo regenerativo que promueve Bio-Onda no solo busca atraer visitantes, sino sembrar conciencia y restaurar vínculos. En Pijao, cada experiencia es una oportunidad para fortalecer la identidad rural, valorar el trabajo campesino y renovar el compromiso con la vida.
Porque en Pijao, la tierra no se explota: se escucha. Y en cada onda que deja el paso de un visitante consciente, florece una nueva historia de esperanza.

 

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