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La ruta de la conejera, una verdadera comunión con la naturaleza

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ANGELA MORALES CHICA

Don Guillermo llegó a recogernos en su jeep modelo 75, de un color amarillo brillante, a las 4 de la mañana al parque principal de Santa Rosa de Cabal. Cuando empecé a escuchar sobre la altura que íbamos a alcanzar al llegar al borde del glaciar del Nevado de Santa Isabel, me asusté. Uno pocas veces piensa en subir hasta los 4700 msnm y más cuando el cuerpo solo soporta un cambio de 500 metros por día.
Gracias a la invitación de «GAIA, turismo y naturaleza», a las 4:30 de la mañana estábamos llegando por los estudiantes con quienes compartiríamos esta experiencia. A las 5 ya íbamos todos en tres jeeps rumbo hacia esta nueva aventura. La luz del día llegó en el mejor momento pues nos encontrábamos rodeados de tantos tonos de verde que fue difícil asimilarlos todos en un solo momento y los rayos de luz que llegaban desde el horizonte. iluminaban todo a nuestro alrededor.
Fue un largo el trayecto recorrido en jeep hasta llegar a la finca Hortensias, donde el desayuno fue una recarga de energía. Huevo revuelto, pan y aguapanela caliente para ir alcanzando un clima corporal que nos permitiera acostumbrarnos al intenso frío a que estaríamos expuestos en el nevado. Desde este lugar se empieza a sentir la paz y esa conexión con la naturaleza que pocas veces experimentamos en la ciudad.
Otra hora más y empezaríamos nuestra caminata. A las 10 en punto llegamos a la entrada del sendero Conejeras. Los frailejones son las primeras formas vegetales reconocibles, hermosas además y desde allí empezamos a caminar. Avanzando hacia arriba solo veía un interminable camino, pero nunca renuncié. Tenía que parar cada 20 pasos pero solo tenía en mi mente llegar al borde del glaciar para cumplir mi objetivo.
Fueron tres horas y media en las que estuve a punto de llorar, pues pensé que iba a rendirme, pero en las que no dejé de ver y disfrutar las maravillas naturales que ofrece ese lugar. Los colores, la vegetación a esa altura, el aire limpio y sobre todo los guías me insistían que continuara, que valdría la pena llegar a la meta.
Y así fue. Media hora después de que llegaron los demás, los alcancé en el borde del glaciar. Llegar hasta allí fue mágico. Fue una combinación de sentimientos que he sentido pocas veces en la vida y que recordaré por siempre. Volvimos a Santa Rosa a las 8 pm, cansados pero con ganas de contarles a todos la gran experiencia que vivimos, gracias a GAIA, en el Parque Nacional Natural de los Nevados.
Subir hasta el borde del glaciar del Nevado de Santa Isabel es una experiencia única, de esas que solo podemos disfrutar en nuestro Paisaje Cultural Cafetero y por eso los quiero invitar a todos a que se arriesguen, a que dejen sus miedos de lado y tachen este punto de su lista de cosas por hacer. Vale la pena, se los aseguro.

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