Inicio Edición Impresa Las cosecheras de ‘la paz’ de Palestina – Caldas

Las cosecheras de ‘la paz’ de Palestina – Caldas

1023
0

«Desde muy niña recolectaba café con mis padres y ahora yo misma lo hago pero en mi propio predio de tres cuadras. Hago todas las labores que corresponden al beneficio del café.

Me ha ido muy bien gracias a la asociación de la que hago parte pues en ella he recibido capacitación para producir un café de muy buena calidad. El comentario lo hace Diana Patricia Ríos Betancur, una de las 27 mujeres que hacen parte del Consejo Participativo Cafetero conformado hace cerca de 8 años en el municipio de Palestina Caldas.
La inspiradora de esta asociación que llena de orgullo a la comunidad productora de la zona, es Angélica Escobar (En la foto) , propietaria de la Finca la Paz un pequeño predio enclavado a escasos metros del casco urbano de esta localidad caldense considerada por años como uno de los mayores emporios cafeteros al lado de su vecina población de Chinchiná.
El empuje y liderazgo de Escobar, oriunda de Belén de Umbría -Risaralda, pero residenciada desde hace muchos años en Palestina, le han permitido hacer parte de los Comités municipal y departamental de Cafeteros y por ende convertirse en una aguerrida defensora de los productores cafeteros y en especial de las mujeres cabezas de hogar que a su juicio, cumplen en muchos casos una mejor función en las labores de recolección y beneficio del café, gracias al empeño, responsabilidad y cuidado que caracteriza a la mujer campesina.
Angélica precisa que su finca La Paz, fue desde un comienzo el punto de encuentro que permitió dar forma y consolidar la asociación de la que hoy hacen parte las 27 mujeres productoras cuyas edades oscilan entre los 20 y los 70 años de edad como es el caso de Alba Ramírez, quien a sus 68 años de edad dice estar muy orgullosa y fascinada con todo el aprendizaje que hoy le permite recoger con más pasión los granos de café que le proporcionan su subsistencia y la de su familia en la pequeña finca que está ubicada en la vereda Cartagena de esa misma jurisdicción.
Todas las mujeres que hacemos parte de esta organización poseemos predios entre 0.5 y 5 has. Cada una de administra directamente y tiene la responsabilidad de llevar a cabo la recolección teniendo en cuenta todas las normas que garanticen ante todo la protección del medio ambiente, recalca Escobar, recordando que con este propósito han sido instruidas de manera eficaz por parte del Sena y el Comité de Cafeteros.
Añade que en este momento avanzan en el proceso de asociatividad y en la parte de presentación y formulación de proyectos con el fin de sacar el mayor beneficio para cada una de las familias, pues es el objetivo fundamental es producir un café especial que lleve el sello de las mujeres cafeteras de Palestina,
Diana Patricia Ríos no vacila en afirmar que lograrán la meta propuesta pues está segura de que las mujeres cafeteras le ponen mucho más amor y dedicación al proceso de recolección del grano. «El dinero es importante, pero la pasión por lo uno hace lo es mucho más y en eso consiste nuestra diferencia con los hombres recolectores. Yo fácilmente recojo entre 150 a 170 kilos por día, gracias a la habilidad que pude desarrollar desde mi niñez cuando mis padres me encaminaron por las labores del campo. Si uno hace las cosas bien, recoge buenos frutos como los que me ha dado mi pequeña parcela, dice con orgullo la productora cafetera.
Otro ejemplo de tenacidad en las labores agrícolas es el de Liliana María Duque, propietaria de la finca la Tigrera y quien gracias al proceso de aprendizaje que inició en la finca La Paz, puede hoy en día garantizar el sostenimiento de su familia que conforman además su esposo y sus dos hijos. Asegura que recoger café significa recoger paz y recoger amor, pues se trata de los verdaderos granos que aportan a la prosperidad y al desarrollo de miles de familias campesinas.
Para Lucila Parra de los Ríos, vicepresidente de las Mujeres Cafeteras de Palestina y propietaria de un predio en el corregimiento de Arauca, la experiencia que arroja esta asociación es bellísima. EL componente de mujeres dentro de la caficultura realza muchísimo el papel de la mujer en este proceso. La mujer le imprime ese tinte especial a la caficultura colombiana y en esta asociación tenemos mujeres de todos los estilos. Un grupo demasiado variable y también muy valioso gracias al intercambio de conocimientos que se ha dado dentro del mismo.
El hecho de haberse graduado como ingeniera agrónoma de la Universidad de Caldas, le permite a Lucila llevar la vocería como asesora técnica del Consejo Comunitario de Mujeres Cafeteras, hasta el punto de direccionar la estandarización de los procesos que garanticen la producción de un café de excelente calidad. La idea es llegar una taza de excelencia que esté por encima de los 85 puntos y que por ende se traduzca en un diferencial para las mujeres cafeteras de Palestina.
La mayor fortaleza de la asociación es que está conformada solo por mujeres. Nosotras como mujeres vemos la vida diferente y por lógica el cultivo y todo lo que envuelve a la cultura cafetera de forma diferente, concluye Parra de los Ríos.

EXAMPLE OF LOVE AND WORK AT THE COFFEE LANDSCAPE «PEACE HARVESTERS» AT PALESTINA – CALDAS

«Since I was a girl I gathered coffee with my parents and now I do it at my own piece of land. I do all the labors in wet coffee processing. I have been doing well thanks to the association I take part of as in it I have received capacitation to produce high quality coffee. This according to Diana Patricia Ríos Betancur, one of the 27 women who are part of the Coffee Growers Participative Council formed almost 8 years ago at Palestina in Caldas.
The inspirer of this association, which fills the community with pride, is Angélica Escobar, owner of «La Paz» farm: a small plot near the urban area of the municipality in Caldas which has been considered, for years, one of the biggest coffee emporiums beside its neighbor municipality: Chinchiná.
Escobar´s leadership has allowed her to be part of municipal and departmental coffee growers councils and become a defender of women who are head-of-the-house that, to her, accomplish better works tan her male counterparts, thanks to the responsibility, tenacity and care that characterize the rural-are woman or «campesina».
Angelica was born in Belén de Umbría in Risaralda but has lived for long in Caldas. She says that her farm, «La Paz» (Peace) was a meeting point that permitted the consolidation of an association between 27 women ranging from 20 to 70 years of age.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here