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«El café es vida» Angélica Trejos

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“Yo amo el café” es la primera y la última frase que menciona Maria Angélica Trejos en la conversación. Ella es una de las 3000 personas que viven del café en el municipio de Quinchía, Risaralda, pero es también una líder y juega un papel muy importante en la región.

Es una mujer soñadora y enamorada del café que creció en medio del cafetal: lavando café, escogiendo, vendiendo y que poco a poco se enamoró más, no solo del producto sino también de los caficultores, esos seres pujantes que sacan adelante a sus familias a pesar de las dificultades que deben sortear.

Sus padres eran cafeteros por tradición y, junto a sus cinco hermanos, tuvo la oportunidad de disfrutar y trabajar ese terreno de seis hectáreas que pronto pasaría a estar en sus manos y las de sus hermanos pues, como sucede en la mayoría de predios, el terreno se divide entre los hijos y así va creciendo el minifundio que identifica al municipio.

“Soy caficultora y amo el café porque me ha dado mucho: la vida, el estudio, la profesión, viajes; el café ha sido la vida y por eso estoy acá. Por el café hace 21 años cree el proyecto de la asociación en el municipio y mire que hemos llegado muy lejos” comenta doña Angélica con una sonrisa que ni el día más oscuro puede borrar.

También es gerente de Apecafeq ‘Asociación de Pequeños Cafeteros de Quinchía’ y hoy en día cuenta con 481 asociados. Empezó hace 21 años como un proyecto pequeño y con doña Angélica a la cabeza. Para ella, “todo han sido cosas buenas y hermosas para la organización”, la cual, gracias a esas 481 familias, se hace cada vez más fuerte y hace que ella no se canse de seguir trabajando por esas personas que creyeron en ella al inicio y lo siguen haciendo ahora.

La organización no recibe dineros de nadie. Cuenta con 20 centavos de dólar por libra que vende a los clientes que compran a nivel internacional y de eso vive.  El café lo exportan a través de Expocafé y la Federación y, en el 2014 lograron exportar 4331 sacos de café excelso que generaron 344 millones de pesos destinados a los asociados. Doña Angélica hace una invitación a todos los cafeteros a salir y ofrecer su producto porque “para vender esa cantidad tenemos que trabajar mucho. Conseguir clientes, participar en ruedas de negocio, promover el café que tenemos, tener relaciones personales y salir”.

La tienda de café al paso ‘XIXARACA’ tampoco estaba en la mente de la asociación. Nació a partir de la iniciativa de doña Angélica de invadir el pueblo de café de Quinchía, de un café de excelente calidad por tradición. Ella quiso extender la invitación a los habitantes del municipio a tomar el café propio para luego, después de que lo conozcan allí, venderlo a nivel departamental, nacional e internacional. Incluso sostiene que “en el inventario de lugares turísticos para el PCC, la tienda ocupó el primer lugar porque todo el que venga se puede tomar un café allí y puede disfrutar de productos hechos cien por ciento con café de la región”.

“va a faltar café para vender porque es un producto que se puede vender como sea. Es el único producto que usted coge y sabe que está cogiendo plata”.

Se declara optimista con el futuro de la caficultura y sostiene que “va a faltar café para vender porque es un producto que se puede vender como sea. Es el único producto que usted coge y sabe que está cogiendo plata”. Con la declaratoria a la región como PCC le ve más futuro a la producción del campo y se alegra al saber que a ‘Villa de los Cerros’, marca de café que producen en la asociación, todo el mundo lo conoce y se convierte en una gran ventaja

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