Inicio NOTAS Actualidad Bioturismo cultural consciente, una opción segura para esta época de pandemia

Bioturismo cultural consciente, una opción segura para esta época de pandemia

5
0

La iniciativa es liderada en Belén de Umbría por el empresario Julio Parga

 

Julio Parga
Julio Parga

La pandemia que agobia al mundo por esta época ha llevado a repensar la manera en que el sector turístico debe evolucionar o transformarse para prestar unos servicios bioseguros y confiables tanto al turismo local y con más veras aún al turismo nacional e internacional que será más exigente a partir de ahora del tipo de entornos que pretenden visitar. La tarea no es fácil, tanto para quienes prestan el servicio ni lo será tampoco para quienes lleguen, pues los nuevos protocolos de bioseguridad que se imponen en el mundo apuntan a evitar el contagio del virus de parte y parte.
Entre las muchas alternativas seguras que florecen por estos días en el mundo el turismo de naturaleza y bienestar aparece como una de las opciones más viables dado el distanciamiento y espacio que el mismo ofrece.
En Belén de Umbría –Risaralda, surgió –incluso antes de la pandemia, una alternativa turística que se ajusta al parecer a las nuevas tendencias que los expertos recomiendan para la práctica de un turismo bioseguro, el cual está enmarcado en los preceptos del turismo sostenible que la propia Organización Mundial del Turismo –OMT, recomienda con un énfasis especial en el equilibrio entre los aspectos ambientales, sociales y económicos de la actividad turística.
La propuesta desarrollada en Belén de Umbría ha sido denominada “Bioturismo Cultural y Consciente” y tiene como inspirador y creador al empresario cafetero Julio Parga, quien asegura que se trata de una alternativa piloto que puede ser replicada con éxito en muchas partes del mundo como estrategia segura en estos tiempos de pandemia. Destino Café abordó a Parga sobre los puntos esenciales de esta iniciativa y los alcances que podría tener.

DESTINO CAFÉ: Este tipo de turismo rinde tributo a la «Madre Tierra», como lo hacen nuestros ancestros en la Sierra Nevada de Santa Marta?
JULIO PARGA: Claro. Nosotros de manera concreta en Caucayá hemos creado una pirámide con el ritual de los cuatro vértices, que es el permiso de la madre naturaleza para entrar al subsuelo, donde se realiza una ceremonia tradicional de los Embera Chamí que son los que hacen el ritual para obtener la limpieza de la «Madre Naturaleza» que se renueva de manera permanente. La idea es que la gente venga y a través de los rituales, entienda que la espiritualidad es poder entender que los brios de la naturaleza existen. Es darle ese amor, ese respeto por las cosas ancestrales de nuestros indígenas y afrodescendientes.
Muchos de ellos quedaron enterrados al interior del subsuelo, y nosotros les rendimos homenaje en este campo bioenergético más grande que tiene Risaralda, como lo es la vereda Cuacayá. Estos rituales son ejemplo de que la información de nuestros antepasados hay que ponerla en contexto hoy en día. La idea es multiplicar todos sus saberes.

D:C: Este turismo que usted plantea es un turismo saludable y bioseguro?
J:P: Claro. Porque lo que exigen hoy los protocolos de bioseguridad es el aislamiento, que no haya aglomeraciones de personas. En el campo afortunadamente tenemos el espacio suficiente. Podemos desplazar de manera segura al turista, sin que vayan a tener contacto. Al ingresar al hotel se cumplen con rigor esos protocolos como es medir la temperatura, el lavado de manos, el uso del tapabocas, el distanciamento social. Es clave entender que la naturaleza hace parte de las postpandemia, porque ella utiliza espacios donde hay libertad para caminar, pero también para disfrutar de recursos naturales como el viento y el sol.

D.C: Este es un proyecto piloto o tiene elementos tomados de otras experiencias nacionales o internacionales?
J.P: Venimos explorando este campo del bioturismo cultural y consciente desde hace unos 5 años. Hace 14 meses nos reunimos en el primer foro mundial de turismo biocultural consciente con delegados de México, que hace 10 años incursionaron en este campo. También con ecuatorianos, bolivianos, costarricenses y expertos de la India que ya tienen evolución en esta materia de turismo ecológico y cultural. Es sin duda, una gran apuesta para el desarrollo cultural sostenible que la Colombia rural necesita.

D.C: Este proyecto lo está presentando usted ante alguna instancia nacional o internacional en búsqueda de apoyo?

J:P: En el plano nacional hemos buscado el apoyo de algunos congresistas y a través del hotel Spa Caucayá y el Cafetal de Don Julio -que yo lidero, la presentamos en una convocatoria que hizo Ministerio de Comercio, Industria y Turismo sobre ideas creativas para reactivar el turismo. La idea es multiplicarla como pretende el gobierno con el turismo comunitario. También hemos escrito a las Naciones Unidas, a La Unesco, para que la mire como una iniciativa para el mundo en general afectado por la pandemia.

D.C: A todas estas, qué papel está jugando el café en esta iniciativa como elemento del Paisaje Cultural Cafetero Colombiano?.
J.P: El Cafetal de Don Julio se centra en la producción del café de origen, como se hace en otros países con los vinos de origen. Tomamos ese concepto para multiplicar la biodiversidad de la geopolítica, o georreferenciación de una finca que puede ofrecer un café de perfil de taza a nivel mundial. Es mostrar el concepto de industria de la montaña, donde no solo producimos café para beberlo, sino que podemos transformarlo en una bolsa y de otros subproductos que salen del grano. Por lo menos 50 productos más como son las galletas, los panes, la harina de café, los vinos, las cremas de café y otros elementos que resultan de las transformación de origen.

D.C: Esta producción viene ligada al Bioturismo Cultural Consciente?
J.P: Está ligada a procesos como lo hacen en Tlaxcala -México, donde producen el Agave no solo para elaborar el tequila, sino un sinnúmero de subproductos. No nosotros no hacemos la industrialización en una mole de cemento, o en una zona franca, sino en la montaña como hábitat natural de nuestros campesinos, afrodescendientes y ancestros en general. Este es un concepto distinto como se puede hacer con el aguacate y otras frutas. Es un ejemplo de verdadero desarrollo en la montaña.

D.C: La idea es replicarlo en otras partes del mundo?
J.P: Sí. No se trata de acaparar esos saberes sino de ponerlos al servicio del país, de la regiones. Vinimos al mundo fue a servir, y el que no puede servir, pues no puede vivir. Somos una empresa competitiva. Hemos hecho exportaciones del café Don Julio a por lo menos 14 países. El 14 de noviembre del año anterior el presidente Duque nos dio un premio por ser una empresa inclusiva disruptiva, gracias a que muchos desmovilizados que participaron en el conflicto armado, hoy son personas de bien que laboran en nuestra planta, así campesinos, indígenas y afrodescendientes. Eso le da un valor agregado de tipo social. Hacemos empresa con gente de la zona y no con profesionales fóraneos. Eso es una apuesta ganadora porque dignifica al ser humano. Con un pago justo acorde con la legislación laboral en Colombia y generando desarrollo y empleo digno

D.C: Cuántos empleos está generando con esta alternativa turística?
J.P: Ahora estamos generando 40 empleos directos y más de 150 indirectos. Acaba de iniciar la cosecha y son varias fincas las que albergan esta mano de obra. No paramos en época de pandemia y los hemos privilegiado con trabajo permanente, no a las máquinas con las que podríamos reemplazarlos.
Necesitamos es generar desarrollo social y económico

D.C: Y les están posibilitando capacitación?
J.P: Les hemos suministrado esas herramientas de capacitación al interior de la empresa y en alianzas con la alcaldía de Belén de Umbría y el SENA, así como entidades privadas como Calvidia Café, una empresa de Quimbaya -Quindio. Privilegiamos a las madres cabezas de familia. Usualmente cuando hay exportaciones, lo primero que exigen los clientes es que haya certificaciones para las personas que realizan esta actividad. Adicionalmente hemos certificados nuestros procesos y así vamos generando desarrollo sostenible.

D.C: A los turistas que quieran viajar a vivir la experiencia del bioturismo cultural consciente, que llamado les hace?
J:P: Mi invitación inicial es para que los propios habitantes de Risaralda que conozcan el territorio con iniciativas como esta. La idea es viajar a un rincón del planeta que se llama Belén de Umbría, a las veredas Palobonito y Palorredondo donde está el hotel Spa Caucayá con su piramide ancestral, recorran el sendero ecológico, el río Risaralda y se sumerjan en el spa incrustado en un cultivo de café. Es poder reconocer parte de nuestra historia e identidad. Es disfrutar un fin de semana con la naturaleza. Primero con los procesos de producción de un café de origen de alta calidad, donde además se ofrece un desayuno o un fiambre y comida saludable servida y preparada por madres comunitaria.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here