Germán A. Ossa E. Crítico de Arte
Su pinta, como la de un Profesor de Colegio especializado en secundaria, de esos que enseñan el origen del hombre y la diferencia que hay entre la verdad y la duda, cuando llegó a nuestra Galería de Arte, me hizo pensar en que sería un compulsivo comprador de arte y no, ese que venía a mostrarnos una estupenda obra que obvio, se quedó en nuestra Galería para vendérsela a los más exigentes compradores y coleccionistas de la ciudad.
Desenvolvió sigilosamente seis telas pintadas al óleo, con los colores más cálidos que los que bañan nuestra bandera patria y empezaron a aparecer en ellas, unas imágenes entre abstractas y figurativas, que expresaban la fuerza que habita en las composiciones de esos creadores que ya son famosos por sus poemas plasmados en esas superficies que dan vida a animales, instrumentos, paisajes, seres y situaciones de muchas formas fascinantes.
Este Fernando López, desconocido en nuestro medio, autodidacta, pero alumno en silencio de su hermano Duván, a quien admira con mucho respeto, le ha cogido algo de su magia, de su fuerza, de su espléndida composición, de su gusto por los colores y obvio, le ha copiado la fiebre por la lectura de las biografías de los artistas que en este mundo han dejado profunda huella por la fuerza de sus creaciones como ese Pablo Picasso que todo el mundo ama, ese Kandinski que enseñó a simplificar las figuras al planeta entero y ese monstruo de nombre Vicente Van Gogh, que supo que el amarillo era para el trigo y el verde y el azul y el amarillo y el rojo, para los cielos.











