Inicio Edición Impresa Una noche en la habitación 701

Una noche en la habitación 701

900
0
Por: Juan Marín

Me alojé con el único propósito de celebrar mi aniversario de bodas número 31. De concentrarme en la bella rubia que ha sido mi esposa, amiga y amante durante más de tres décadas. Buscaba aislarme del mundo. Vivir con ella una especie de «retiros espirituales? alrededor de nuestra relación. Pero, y ahí viene el pero. Las intenciones del comienzo se fueron desviando de su curso. No porque mi señora o yo lo quisiéramos, sino porque el entorno y los servicios que allí comenzaron a brindarnos nos hicieron olvidar del diálogo o las reflexiones que ambos nos proponíamos sostener para fortalecer nuestra unión. Fuimos recibidos como pareja de recién casados. «Agua saborizada con frutas o prefieren café?, espetó Eison el jovial y sonriente botones que recibió nuestras maletas. Ella se deleitó con el refrescante y colorido líquido, mientras que yo me deje llevar por el cautivamente aroma del café, especialmente elaborado para el consumo de los huéspedes de esta prestigiosa cadena hotelera, que para nuestro caso era el Movich Hotel de Pereira. Tras el registro de rigor, Eison nos acompañó a la habitación 701, indicándonos las bondades de estar alojados en el lugar, como acceder gratuitamente a la moderna sala de internet, un coctel de bienvenida en el bar del lugar; al gimnasio y a la piscina, entre otros servicios. Ya instalados en la habitación, no pudimos resistirnos a capturar en nuestros celulares imágenes del esplendoroso paisaje que teníamos en frente. Una joya arquitectónica religiosa de inconmensurable valor por su estilo neogótico como lo es el templo de San José. En el fondo, los aires renovadores del urbanismo que muestran la nueva cara de Pereira a partir de la plazoleta Cívica Ciudad Victoria y los complejos comerciales que la rodean. En un costado, y como dos cuernos gigantescos de cemento, asomaban los dos soportes principales del Viaducto atirantado que comunica a Pereira y Dosquebradas. Una noche joven y la habitación a media luz nos invitaron al relax en la comodidad de una cama gigantesca cuyo colchón y cuyas almohadas, nos hicieron sentir el gozo de la suavidad que requieren dos cuerpos tras una agitada semana de labores.
No vacilamos en optar por el Service Room al que invitaba una tarjeta promocional que hallamos en la mesa de noche. En menos de media hora degustábamos un delicioso y saludable sanduche con dos ricos jugos de frutas y sendos postres como complemento. A eso de las nueve nos dirigimos al bar Iraca. Nos recibieron con el coctel prometido y de sobremesa con un sensacional show artístico en vivo con la cantante Samara y un variado repertorio que incluía tangos, bambucos, valses y boleros. A la mañana siguiente el desayuno fue en el segundo piso del hotel. Exquisito y abundante: Frutas, cereales, huevos revueltos, variedad de panes y quesos, jugos, café, chocolates y otras delicias para escogencia de los comensales. Terminando la mañana nos dirigimos al Avitta Spa. Nos esperaba una experiencia maravillosa. Un masaje en pareja que incluía terapia de relajación con aroma terapia, música oriental y posteriormente el baño turco y el sauna. El remate de nuestra estadía tuvo como escenario el restaurante Ebano Gourmet y su afamada comida de autor a cargo del Chef Martín Valencia. La carta nos ofrecía variedad de menús. Optamos por la comida de mar: salmón y trucha con especial preparación. El acompañamiento, no pudo ser mejor: la grandiosa y saludable ensalada del chef. No se la pierdan cuando visiten este lugar, cuya estadía es otra experiencia única en el Paisaje Cafetero.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here